Había una vez un niño. Era un niño muy triste, había pasado gran parte de su infancia solo, y no tenía amigos, porque se automarginó al darse cuenta de que sus "amigos" lo visitaban sólo por las cosas que tenía, y no por él, por lo que se fue aislando y alejando de las personas, hasta convertirse en un joven apático y solitario. Un día, una muchacha al verlo, sintió mucha curiosidad por lo misterioso de su personalidad, y se propuso conocerlo. Fue un tiempo muy extraño, porque el joven a veces dejaba ver la amargura que guardaba dentro y al darse cuenta, la disimulaba, pero ella sabía verla dentro de èl... Ella aprendió a conocerlo, y también a amarlo... pero nunca se lo dijo. El joven se enamoró de ella perdidamente, pero le era muy difícil demostrarlo, porque era un sentimiento que aún no aprendía a manejar, y tampoco se atrevía a confesarlo por temor a que ella no sintiera lo mismo por èl.
Un día, dejaron de verse. El tiempo pasaba, y ninguno de los dos quiso buscar al otro, por orgullo.
Y un día, cuando los dos eran viejos, se encontraron. Ya se habían casado, tenían nietos, una familia formada, pero al verse, los viejos recuerdos les inundaron los ojos. Ya no había nada que perder. Èl le dijo que durante toda su vida la había amado, y ella le confesó que jamás pudo sacarlo de su corazón. Pero ya era tarde. El tiempo les pasaba la cuenta, ya no tenían toda la vida por delante, ya habían trazado sus caminos...
Y el mayor remordimiento era porqué habían dejado de verse, porqué no se habían buscado, y porqué nunca se habían confesado que se amaban...
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3 comentarios:
Guapa
como estas pequeña mujer adulta!
leere tu texto despues de comentar
es por tu amigo de la U
???? ¿pq tan melancólica? En fin, nos vemos en un rato ^.^
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